Por: Gabriela Ruiz Y Sayreth Hernández
En el año 2019, en la ciudad de Valledupar se concentraba una población de 460.000 habitantes, de los cuales 180.000 eran personas ocupadas. Para la llegada de la pandemia por COVID-19 en marzo del año 2020, el empleo sufrió una caída drástica: solo 128.000 habitantes poseían una fuente de ingresos, aumentando el desempleo a 46.000 personas. Cinco años después, la ciudad mostró un récord significativo con respecto a estas cifras: superó los 500.000 habitantes y por primera vez rompió la barrera de los 200.000 empleados, dejando el desempleo en mínimos históricos de entre 17.000 y 22.000 personas.
Valledupar antes de la crisis sanitaria (2019)
Para el año 2019, se registraron entre 452.000 y 460.000 habitantes en promedio en la ciudad de Valledupar, de estos aproximadamente 180.000 tenían empleo, mientras que el desempleo estaba estable entre 33.000 y 36.000 personas. Esto evidencia que la ciudad presentaba una dinámica de trabajo estable, aunque en el último trimestre presentó una leve caída de la ocupación de 180.000 a 171.000.
Esta leve desaceleración de fin de año coincidió con un contexto departamental más amplio: en 2019, la producción de carbón —principal motor económico del Cesar y La Guajira— cayó cerca de un 2% a nivel nacional, afectada por precios internacionales bajos y restricciones en la extracción en Cerrejón, lo que pudo influir indirectamente en la dinámica económica regional.
Nadie en ese momento imaginaba que esta sería la última "normalidad" económica de la ciudad antes de que, meses después, la pandemia transformara por completo el panorama laboral.
La pandemia llega a Valledupar
El día 11 de marzo de 2020 se anuncia la pandemia mundial por el nuevo coronavirus, llamado COVID-19, y el día 22 de marzo se diagnostica el primer caso positivo en la ciudad de Valledupar correspondiente a un pasajero proveniente de España. Debido a las medidas estrictas de confinamiento obligatorio de los primeros meses de propagación del virus, cae la fuerza de trabajo -población en edad y condición de trabajar- en el trimestre abril-junio de 209.320 a 169.300 personas y la ocupación también disminuye de 168.380 a 128.470 personas; las personas que salen de la fuerza de trabajo pasan a ser población inactiva, es decir, personas en edad de trabajar que no están ocupadas ni buscando empleo activamente.
El dato más notable es que la desocupación no cae: al iniciar el confinamiento, este aumenta en el trimestre julio-septiembre, con 46.000 desocupados, ya que la gente salió a buscar empleo cuando se levantaron restricciones y no lo encontró. En términos porcentuales, la mayor tasa de desempleo se registró en el trimestre mayo-julio, alcanzando el 25,09%.
Además, aunque el desempleo bajaba a fin de año, la subocupación subía hasta 10,02% en octubre-diciembre, señal de que empezó el llamado “rebusque”: las personas accedían a cualquier ocupación disponible, pero la recuperación del empleo no significaba una recuperación de la calidad de vida.
Recuperación del empleo cinco años después de la pandemia en Valledupar
Cinco años después del confinamiento obligatorio para la mayoría de la población valduparense, se puede evidenciar un aumento récord en la población total, que superó los 500.000 habitantes, y en la empleabilidad de la ciudad, que superó las 200.000 personas ocupadas.
Por otro lado, la desocupación llega a un mínimo histórico registrado en la ciudad de Valledupar: entre 17.000 y 22.000 personas. Se evidencia un crecimiento sostenido de 180.000 ocupados en el mejor momento de 2019 a más de 200.000 sostenidos en 2025.
Según los datos del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), el crecimiento demográfico de Valledupar —que pasó de rondar los 460.000 habitantes en 2019 a superar los 500.000 en 2025— explica en parte el aumento en las cifras absolutas de empleo: más población en edad de trabajar significa, naturalmente, más personas ocupadas. Sin embargo, reducir la historia a "la ciudad creció y por eso hay más empleo" sería ignorar la lección más importante que dejaron estos cinco años.
La recuperación laboral de Valledupar es contundente en los números, pero el episodio de la subocupación de 2020 —cuando el "rebusque" reemplazó al desempleo sin representar una mejora real en la calidad de vida— sigue siendo una advertencia vigente. No toda recuperación de empleo es una recuperación de bienestar. El reto para la ciudad, cinco años después de haber tocado fondo, ya no es solo generar más empleos, sino garantizar que sean empleos estables y de calidad, para que una crisis futura no vuelva a evidenciar qué tan frágil puede ser esa base.