Entre las clases, las responsabilidades laborales y los planes personales, muchos jóvenes intentamos consumir nuestro futuro mientras buscamos la manera de disfrutar el presente.
Hay días en los que las horas parecen insuficientes. Apenas termina una clase, cuando hay que revisar las entregas pendiente, responder mensajes de trabajo o comenzar a organizar lo que viene para el día siguiente. A veces, incluso antes de terminar una responsabilidad, la mente ya esta pensando en la siguiente. Para muchos jovenes, esta es una realidad cada vez mas habitual; estudiar una carrera universitaria, trabajar, cumplir con los compromisos personales y, al mismo tiempo, intentar disfrutar una etapa de la vida que también debería tener espacio para compartir, descansar y descubrir nuevas experiencias.

Tengo 20 años suele relacionarse con la libertad, la espontaneidad y la posibilidad de probar cosas nuevas. Sin embargo, para quienes combinamos los estudios con el trabajo, esta etapa también puede convertirse en una carrera constante contra el reloj, no necesariamente porque tengamos mas responsabilidades que otras personas, sino porque estamos aprendiendo a responder a varias exigencias mientras todavía descubrimos como queremos construir nuestro futuro.
Estudiar y trabajar al mismo tiempo implica aprender a cambiar de escenario constantemente. En la universidad, la atención esta puesta en las clases, los proyectos grupales, las exposiciones y las fechas de entrega. En el trabajo, las prioridades son otras: cumplir objetivos, resolver situaciones, responder a las necesidades del equipo y entregar resultados.
En mi caso, trabajar en la creación de contenido en un negocio significa mucho mas que publicar una fotografía o grabar un video. Detrás de cada pieza hay ideas que desarrollar, publicaciones que planificar, tomas que repetir, videos que editar y estrategias de comunicación que deben responder a un propósito. Son tareas que requieren tiempo, creatividad y concentración, incluso cuando desde afuera aparecen actividades sencillas.
El retro aparece cuando las responsabilidades académicas y laborales coinciden. Una estrategia puede necesitar ajustes justo cuando surge una tarea del trabajo. Una jornada que parecía organizada puede cambiar por completo ante un imprevisto. Entonces, el día se convierte en un ejercicio permanente de priorización: decidir que debe hacerse primero, cuanto tiempo dedicarle a cada actividad y que puede esperar.
Esa dinámica también transforma la manera de entender el tiempo. Ya no basta con tener una agenda organizada; es necesario aprender a adaptarse cuando los planes no salen como se esperaba, porque, aunque intentamos calcular cada hora, siempre habrá situaciones que no dependen de nosotros.

La culpa de descansar cuando todavía hay cosas para hacer
Uno de los aspectos menos visibles de esta rutina es la dificultad para descansar sin sentir que estamos dejando algo por hacer. Después de una jornada de clases y trabajo, el cuerpo puede pedir una pausa, pero la mente sigue repasando las tareas pendientes. Incluso durante un momento de descanso, aparece la sensación de que podríamos estar adelantando una entrega, organizando una publicación o aprovechando mejor el tiempo.
Así, descansar empieza a sentirse como un lujo que debamos ganarnos después de cumplir con todo. El problema es que, en una rutina donde siempre hay algo para resolver, ese momento de tranquilidad puede terminar aplazándole definitivamente.
También esta la presión de aprovechar esta etapa al máximo. Queremos obtener buenas calificaciones, adquirir experiencia laboral, construir un perfil profesional, compartir con nuestros amigos y dedicar tiempo a nuestros intereses. Todas son aspiraciones válidas, pero intentar cumplirlas al mism0 tiempo puede generar la sensación de que nunca estamos haciendo suficiente.
Ya que aprender a descansar también forma parte de la organización, no se trata de ignorar las responsabilidades, sino de reconocer que el cansancio afecta a nuestra concentración, nuestra creatividad y la manera en la que enfrentamos los problemas. A veces, hacer una pausa permite retomar las tareas con mayor claridad que pasar horas frente a una pantalla sin avanzar.

Aprender a decir no también es crecer
Cuando intentamos responder a todas las responsabilidades, podemos terminar aceptando mas compromisos de los que realmente podemos asumir, Queremos cumplir en la universidad, responder en el trabajo, acompañar a nuestros amigos y estar disponibles para las personas que queremos. Sin darnos cuenta, dejamos poco espacio para nuestras propias necesidades.
Decir que no puede generar culpa, especialmente cuando sentimos que deberíamos poder con todo. Sin embargo, reconocer nuestros limites no significa falta de compromiso ni de desinterés por los demás; significa entender que nuestro tiempo y nuestra energía también tienen un límite.
Organizarse no consiste únicamente en distribuir tareas en una agenda. También implica identificar prioridades, reconocer cuándo necesitamos ayuda y aceptar que algunas actividades tendrán que esperar. Hay momentos en los que una entrega académica requiere mas atención, otros en los que una responsabilidad laboral no puede aplazarse y también existen días en los que lo mas sensato es detenernos antes de llegar al agotamiento.
Así que aprender a tomar decisiones hace parte del crecimiento personal y profesional. No siempre podemos estar en todos los lugares y responder inmediatamente a cada solicitud. Comprenderlo nos ayuda a establecer límites mas claros y construir una rutina que no depende exclusivamente de nuestra capacidad para aguantar el cansancio.

Construir el futuro sin olvidarnos del presente
Tener entre 20 y 25 años significa, para muchos, comenzar a tomar decisiones que influyan en el futuro mientras todavía estamos descubriendo que queremos hacer en nuestra vida. Es una atapa en la que estudiamos, trabajamos, buscamos independencia y tratamos de construir oportunidades para nuestro futuro profesional.
Sin embargo, existe una percepción que muchos jovenes conocemos: la idea de que, por ser jovenes, tenemos demasiado tiempo libre. A veces, desde la mirada de algunos adultos, estudiar parece una actividad que deja suficientes horas disponibles para asumir otras responsabilidades, hacer favores o estar siempre presentes.
Pero, en realidad, las jornadas de quienes estudian y trabajan al mismo tiempo pueden ser muy diferentes. Entre clases, entregas, jornadas laborales y compromisos personales, hay días en los que apenas encontramos un espacio para descansar.
No se trata de afirmar que los jovenes tenemos mas responsabilidades que los adultos, porque cada etapa de la vida tiene sus propis exigencias. Se trata de reconocer que ser joven no significa tener tiempo de sobra ni estar disponible para todo.
Al final, estudiar y trabajar al mismo tiempo nos enseña mucho mas que horarios. Nos obliga a reconocer nuestros limites, tomar decisiones y entender que construir un futuro también requiere cuidar el presente.

Tener 20 años y vivir con el tiempo en contra no significa que estamos aprendiendo a construir nuestro camino sin dejar para después todo aquello que también hace parte de vivir.
Maria Sierra.