Quién diría que una carrera que ni siquiera estaba entre mis primeras opciones terminaría enseñándome tanto sobre mí misma.

Siendo lo que no sabia que quería ser.

Empecemos siendo muy sincera, yo ni siquiera quería estudiar Comunicación Social. No era esa carrera con la que soñaba desde pequeña ni tenía una imagen de mí misma ejerciéndola. De hecho, si terminé aquí, fue principalmente porque me llamaba la atención el marketing digital. Eso era lo que me interesaba, lo que me daba curiosidad y lo que, de alguna manera, me hizo acercarme a esta profesión.

En ese momento no imaginaba todo lo que había detrás de esta carrera que, para mí, estaba mucho más relacionada con las redes sociales, las marcas y la creación de contenido. No sabía que también terminaría disfrutando estar en una tarima frente a muchas personas o experiencias que antes me habrían dado muchísima pena como hablarle a una cámara.

Y creo que eso es lo que más me gusta de mirar hacia atrás: darme cuenta de que no necesitas llegar a un lugar completamente convencida para descubrir que ahí también puedes encontrar algo para ti.

Lo que termina encantándote no es aquello por lo que llegaste, sino todo lo que descubriste mientras estabas ahí.

A veces descubres quién eres haciendo lo que nunca imaginaste, como yo.

Si hay algo que jamás habría imaginado cuando empecé la carrera, era disfrutar tanto de hablar frente a un público. A mí me daba muchísima pena hablar frente a una cámara y eso que soy muy extrovertida pero tampoco me llamaban la atención las áreas relacionadas con el periodismo o la presentación de eventos. Simplemente, no me veía haciendo esas cosas porque siempre decía “no es algo para mí”

Hasta que llegó la oportunidad de presentar un evento del Ministerio de las TIC.

Algunas imágenes, hablan por si solas.

Recuerdo esa experiencia como uno de esos momentos que te permiten verte desde otra perspectiva, empecé a soñar y a conocer a una Daniela que ni en mis sueños más locos habría existido. Con el tiempo vinieron otras presentaciones en la universidad y empecé a disfrutar cada vez más estar en una tarima, comunicar, conectar con las personas y desenvolverme en espacios que antes me intimidaban.

Hoy, cuando me veo haciéndolo, pienso en lo curioso que es descubrir una habilidad que ni siquiera sabías que querías desarrollar.

No es que de repente haya dejado de sentir nervios al hacerlo, al contrario cada vez que hago algo siento mucho pero un día alguien me dijo esta frase:

El día que deje de emocionarte y darte nervios hacerlo, mejor dedícate a algo más.

Y entendí mucho más de mi carrera y de lo que realmente quiero para mi vida, no quiero estar haciendo todos los días lo mismo, ni dedicarme siempre a algo que con el tiempo pierda la gracia para mi, quiero tener la versatilidad de trabajar en muchas cosas a la vez, conocer cosas nuevas, vivir experiencias diferentes; logrando así cada vez más encontrar a esa Daniela que un día decidió atreverse, intentarlo y no simplemente conformarse con una versión de ella, sino conocer que puede ser muchas versiones de mí misma de la forma más bonita y auténtica posible.

Lo mejor que pude hacer un día fue darme la oportunidad de intentarlo y descubrí así que podía disfrutarlo.

A veces nos conocemos mucho menos de lo que creemos.

Nos acostumbramos a pensar que somos tímidos para ciertas cosas, que no tenemos talento para otras o que simplemente hay experiencias que no son para nosotros. Y, sin darnos cuenta, empezamos a construir una idea de quiénes somos basada también en todo aquello que nunca nos hemos atrevido a intentar.

A mí, la carrera me ha dado oportunidades para destruir esa idea. Y eso es algo que no esperaba encontrar.

No sabía que tantas partes de mi vida podían encontrarse.

Hay algo que disfruto especialmente de mi experiencia: no siento que tenga que dejar de ser una cosa para dedicarme a otra.

Soy estudiante, trabajo en marketing, tengo mi emprendimiento, Wabi Sabi, y también exploro otras facetas como la fotografía, el modelar, la edición, la producción, etc. Son actividades diferentes, pero terminan conectándose de maneras que no había planeado.

Amo ser una mejor versión de mi cada vez.

Lo que aprendo sobre marketing me sirve para pensar en mi marca. Los conocimientos de comunicación me ayudan a construir mensajes, contar historias y entender mejor cómo conectar con las personas. La fotografía me permite explorar otras formas de contar esas historias, mientras que presentar eventos me ha enseñado a desenvolverme en espacios que antes me parecían lejanos.

Y de repente descubro que nada de eso está tan separado como pensaba.

Por supuesto, cada actividad requiere tiempo, práctica y dedicación. Estudiar esta carrera no significa que automáticamente sepas hacer todo, ni que puedas abarcarlo todo sin esfuerzo. Pero me gusta descubrir que mis intereses pueden complementarse y que no tengo que renunciar a unos para darle espacio a los demás.

Quizás por eso, cuando pienso en Barbie, encuentro una comparación que me hace sonreír. Ha sido tantas cosas que parece recordarnos que no tenemos que limitarnos a una sola posibilidad. Y aunque la vida real no viene con todos los accesorios ni con finales perfectos, sí podemos construir un camino profesional que reúna diferentes partes de quienes somos.

No se trata de poder hacerlo todo, sino de no descartar quién podrías llegar a ser antes de darte la oportunidad de descubrirlo.

Esta carrera también me ha enseñado a elegirme.

Porque les prometo que si hace unos años me dirían que yo me dedicaría a crear algo propio y trabajar en eso de forma incansable, no lo creería pero aprendí a elegirme al momento de pensar en que es lo mejor para mí y si realmente estoy trabajando en ello.

Sobretodo decidiendo soltar el miedo de ¿Y si sale mal?, antes, el si sale mal terminaba en llanto y arrepentido, ahora termina en un “por lo menos lo intentaste”.

Por que cuando somos jóvenes, parece que cada decisión viene acompañada de una pregunta enorme: ¿y si me equivoco?

¿Y si elijo una carrera y después descubro que me gusta otra cosa? ¿Y si cambio de opinión? ¿Y si lo que me apasiona hoy no es lo que quiero hacer dentro de cinco años?

No tengo una respuesta mágica para esas preguntas. Todavía estoy estudiando, tengo muchísimo por aprender y todavía hay experiencias que quiero vivir. Pero mi paso por Comunicación Social me ha ayudado a entender que no todas las decisiones tienen que contener una respuesta definitiva sobre el resto de nuestra vida.

Elegir es simplemente abrir una puerta.

Después vienen las clases que te sorprenden, los proyectos que te retan, las personas que conoces y las oportunidades que aparecen. Puede que descubras un área que te encante, que confirmes que aquello por lo que entraste sigue siendo lo tuyo o que encuentres una pasión que nunca habías considerado.

Por eso, si estás pensando en estudiar Comunicación Social, te diría que no te quedes únicamente con lo que crees que es la carrera. Investiga sus áreas, conoce su plan de estudios, pregunta por sus desafíos y date la oportunidad de descubrir qué hay más allá de la primera impresión. No se trata de elegir a ciegas, sino de explorar con curiosidad.

Yo misma llegué buscando algo muy específico y terminé encontrando mucho más de lo que esperaba.

Yo la volvería a elegir mil veces.

Y con las mismas personas.

Porque, cuando pienso en lo que me ha dejado esta experiencia, no pienso únicamente en los conocimientos que he adquirido o en las oportunidades laborales que puedo construir.

Pienso en las cosas que antes me daban pena y hoy disfruto. En las distintas personalidades que he conocido en este camino. En las experiencias que no estaban en mis planes, en diferentes facetas de mi vida que he aprendido a conectar. En esa sensación de descubrir que puedo hacer algo nuevo y preguntarme qué más podría intentar.

Y, sobre todo, pienso en lo bonito que es mirar hacia atrás y reconocer que hay cosas que hoy forman parte de mí y que, cuando empecé, ni siquiera imaginaba.

No sé exactamente en qué área terminaré desarrollándome, cuántos proyectos me faltan por comenzar o qué otras versiones de mí voy a descubrir durante los próximos años. Y, por primera vez, no siento ansiedad por tener que saberlo todo y controlarlo todo desde ahora. Al contrario, me emociona pensar que todavía hay mucho por conocer.

Por eso, si estás intentando decidir algo y sientes que tienes demasiados intereses, si te da miedo equivocarte, todavía no sabes muy bien en quién quieres convertirte, o si eres cómo yo que siempre quiso controlarlo todo y tener todo perfectamente definido, quisiera que vieras la elección de una carrera desde otra perspectiva.

No tienes que elegir algo que responda todas tus preguntas de inmediato. Puedes elegir algo que te despierte curiosidad, que te rete, que te permita aprender y que te abra posibilidades que hoy ni siquiera imaginas.

No te voy a prometer que será fácil ni que te gustará cada parte del camino. Pero sí puedo, con mi ejemplo mostrarte que no es necesario tenerlo todo resuelto para que salga bien porque a veces, lo que no sale bien también está bien.

Porque elegir una carrera no consiste únicamente en decidir qué quieres hacer, sino también en darte la oportunidad de descubrir quién puedes llegar a ser.

Y si Barbie puede ser tantas cosas, ¿por qué nosotros tendríamos que conformarnos con imaginar una sola?

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