El corregimiento de San José de Oriente, en la parte alta de La Paz (Cesar), es conocido por sus paisajes montañosos, su clima fresco y la tranquilidad de la gente. Sin embargo, quienes han llegado a recorrer sus calles saben muy bien que, al caer la noche todo cambia, especialmente cerca de la zona del cementerio.
Desde que tengo memoria, mi infancia estuvo marcada por los relatos que en la mayoría de reuniones familiares se contaban. Mi papá, solía contarme historias escalofriantes sobre su pueblo: apariciones de personas fallecidas, murmullos que provenían de las paredes de una casa antigua y destellos inexplicables de luz en medio de la obscuridad absoluta; Siendo sincero, jamás creí en ninguno de estos cuentos. Siempre me consideré una persona sumamente escéptica e indiferente hacia los temas relacionados con fantasmas y fenómenos paranormales, en mi mente solo eran cuentos exagerados que me contaba mi papá para asustarme. Pero todo eso cambió el día en que la vida me demostró que estaba equivocado y me tocó vivir uno de estos cuentos en carne propia.
Un paseo familiar bajo la niebla
Aquel suceso ocurrió cuando apenas tenía 11 años. En ese tiempo nos encontrábamos disfrutando de un paseo familiar donde todos nos encontrábamos hospedábamos en una parcela ubicada a las afueras del pueblo. Las mañanas suelen ser muy tranquilas, pero las madrugadas tienden a volverse frías y silenciosas. A eso de las 2:30 a.m., todos los que estábamos presentes decidimos dar un pequeño paseo por el corregimiento en búsqueda de un poco de comida, ya que en ese momento nos encontrábamos hambrientos. De paso, también para conocer un poco del lugar de donde mi papá creció y pasó la mayor parte de su vida. En ese momento, dar una vuelta por el pueblo parecía buena idea. Quién diría que un simple paseo terminaría siendo una vivencia tan traumática que hoy la tengo muy presente en mis recuerdos.
Rumores en la entrada del cementerio
Mientras dábamos vueltas por el lugar tratando de encontrar algún local abierto, a uno de mis tíos se le ocurrió la brillante idea de subir hasta la entrada del pueblo, donde se ubica el mirador desde el cual se puede contemplar todo el corregimiento iluminado. El único detalle que mi tío se le había olvidado mencionar era que el mirador y el cementerio se encuentran prácticamente pegados donde ambos comparten un mismo espacio. Al llegar todo transcurría con total normalidad. Nos tomábamos fotos, admirábamos la vista y disfrutábamos del viento fresco. Fue entonces cuando mi papá, quien es nacido en San José de Oriente, empezó a contar algunas historias que le habían ocurrido en el pasado a distintas personas que visitaban el mirador a altas horas de la madrugada.
Escuchaba sus palabras con cierto carácter escéptico. En mi mente la historia de una supuesta niña que se aparecía entre las tumbas mientras su madre la busca gritando desesperada me parecía un poco exagerado.

Cuando lo que menos creía posible se volvió realidad…
Recuerdo todo lo que sucedió en ese momento, estaba tan seguro que solo eran historias fantasiosas que no estaba preparado para lo que sucedió. De la nada, el viento se detuvo de repente y el ambiente a nuestro alrededor se volvió pesado, denso y más frio que de costumbre. Una sensación sofocante nos recorrió el cuerpo y sentíamos con claridad la aterradora impresión de ser observados por varias miradas.
En medio del silencio de la noche, empezamos a escuchar la risa de una niña cerca del cementerio, todos quedamos atónitos por aquella risa, ya que era imposible que hubiera alguien en esos momentos.
Antes que pudiéramos reaccionar a lo que había sucedido, cerca de donde provino la risa de la niña se escuchó un grito ensordecedor en medio de la noche.
¡HIJAAAAA! ¿DÓNDE ESTÁS? ¡MAMÁ TE ESTA ESPERANDO, DEJA DE JUGAR! ¡HIJAAAAA!
Recuerdo muy bien que se me puso la piel chinita cuando escuché ese grito y el primer pensamiento de todos fue el irnos mejor para la parcela. Al llegar todos trataron de no pensar mucho en lo ocurrido, pero yo todavía seguía en estado de shock ya que no procesaba como una simple historia que consideraba exagerada y subrealista pudo haber cobrado vida en tan solo unos instantes
Desde aquella inolvidable noche soy un poco más abierto y respetuoso no solo con las historias sino con sucesos paranormales en general, ya que me paso al igual que a muchos que no creemos en ese tipo de historias o vivencias hasta que llega el día que nos toca vivirlo en persona.
Por: Juan David Carrillo Liñán
