Mi vida a los 19 añosMi vida a los 19 años

Sobre las oportunidades que llegan, el miedo a no poder con todo y las ganas de construir un camino propio.

Hace unos días recomendaron mi trabajo. Una persona a la cual le presto mis servicios de creación de contenido consideró, que estaba en capacidad de hacerlo con otra empresa. Me sentí muy bien, hay algo especial en saber que alguien habla bien de lo que haces y que tu trabajo está llegando a oídos y a lugares que tu no tienes ni idea.

Me sentí demasiado orgullosa de mí misma, pero después de la emoción llegó la duda. ¿Y si acepto y no me alcanza el tiempo? ¿Y si por querer aprovechar esta oportunidad termino descuidando los compromisos que ya tengo?

No se trata de no querer el trabajo. Al contrario, me gusta sentir que estoy creciendo, teniendo mis propios ingresos y saber que poco a poco puedo conseguir algunas de las cosas que quiero si sigo trabajando por ellas. Lo que me asusta es querer hacerlo todo y descubrir que no puedo hacerlo todo bien.

Desde ese día me ronda una pregunta, ¿entonces cómo construyo el futuro que quiero sin sentir que tengo que aprovechar cada oportunidad que aparece?

Todo empezó por casualidad

Cuando analizo cómo estoy aquí, vuelvo a mis 15 años. En ese momento no tenía muy claro qué quería hacer con mi vida. Estaba en mi ultimo año de colegio y todavía no imaginaba cómo sería mi vida después de graduarme.

El colegio en el que estudiaba tenía convenio con un programa de TV local, y por cosas de la vida, un día terminé saliendo justo en una jornada de grabación. Una compañera me invitó a participar y así empecé a presentar una sección dentro de mi colegio.

Carrusel TV - Colegio Manuela Beltrán
Carrusel TV – Colegio Manuela Beltrán

Al director le gustó mi trabajo, y ahora que lo pienso, que loco jajaja, tenía solo 15 años y me arriesgué a hacer algo que nunca había hecho. Pero él siempre confió en mí, me dijo que tenía facilidad para conectar ideas y para comunicarme. Y como si fuera poco, me invitó a continuar con él cuando salí del colegio. Fue justo en ese momento donde me di cuenta de que me gustaba esto de las comunicaciones, esa fue la razón principal por la que decidí estudiar comunicación social.

Cuando me gradué empecé mi carrera sin tener aún un mapa sobre el camino que quería seguir, solo empecé a explorar un mundo que había descubierto en el colegio.

Tiempo después, estando en sexto semestre llegó una persona que había conocido a la Leonela de 15 años presentando y se impresionó, recomendó mi trabajo y ahí se me abrió una nueva puerta.

Hablemos de Vallenato
Hablemos de Vallenato

Es muy curioso que una experiencia en el colegio marcó el rumbo de lo que seria mi vida laboral. Además, que dejó una impresión en alguien que años después me recomendaría. No fue algo planeado, fueron oportunidades que poco a poco llegaron y las tomé.

Hoy sigo intentando abrirme camino en ese mundo. Estoy estudiando, trabajando y sobre todo aprendiendo a construir una carrera profesional. Aún me falta mucho, mi nombre no es el más reconocido, pero poco a poco he ido ganando experiencia y haciendo relaciones con muchos de mis referentes.

Para mí, eso significa que estoy empezando a construir algo propio a una edad en la que todavía estoy descubriendo quién soy.

Me gusta trabajar, pero no quiero tener que poder con todo

Una de las cosas que más disfruto de trabajar es sentir que si quiero algo, puedo conseguirlo por mis propios medios. Aunque todavía vivo con mis papás y dependo de ellos en muchos aspectos, tener cierta independencia en cuanto a mis cosas significa mucho para mí.

Por eso a veces me cuesta tanto pensar en rechazar una oportunidad. Cuando alguien recomienda mi trabajo, siento que algo estoy haciendo bien. Me emociona pensar que puedo seguir aprendiendo, ganando experiencia y acercándome a la vida profesional que quiero tener.

Pero también me pasa algo: me cuesta decirme que no.

Pienso que quizás esa oportunidad no vuelva a presentarse, que debería estar agradecida por tenerla, o que, si no la aprovecho, estoy desaprovechando lo que he construido. No es tanto el miedo a decepcionar a alguien más, sino a decepcionarme a mi misma.

Y ahí es donde empiezo a exigirme.

Actualmente estudio, tengo un trabajo fijo y en lo que me sobra del tiempo creo contenido para una empresa. La posibilidad de adquirir otro trabajo me entusiasma, pero me hace analizar todo lo que tendría que organizar para cumplir cada una de mis responsabilidades a la perfección.

Soy una persona muy perfeccionista. Me gusta que las cosas salgan bien y dedicarles el tiempo que considero necesario. Me preocupa que por asumir demasiadas cosas, termine bajando el ritmo de lo que ya hago o haciendo las cosas a medias.

No busco aceptar algo solo por poder decir que tengo otro trabajo. Quiero tener la certeza de que puedo asumirlo y responder como me gustaría hacerlo.

El problema es que todavía estoy aprendiendo a reconocer mis propios límites. A veces me concentro tanto en lo que una oportunidad podría aportarme que olvido preguntarme cuánto tiempo tendría que invertir en ella.

También quiero tener tiempo para no hacer nada

Cuando pienso en mi futuro profesional, hay algo que no quiero perder: mi tiempo para mí. Sí, me gusta trabajar, aprender y sentir que estoy avanzando, pero también disfruto tener una tarde libre, hacer algo sin planear o simplemente no tener nada pendiente.

A veces siento que siempre podría estar haciendo algo más. Si tengo tiempo libre, podría adelantar un trabajo, si llega el fin de semana, podría aprovecharlo para otro proyecto. Y aunque sé que la organización es muy importante, no quiero que cada espacio de mi vida termine convertido en una responsabilidad.

Tengo 19 años y quiero aprovechar todas las oportunidades que me llegan, pero también disfrutar de esta etapa de juventud sin sentir que descansar es perder el tiempo. No quiero que mis ganas de crecer se conviertan en una presión constante por producir, hacer más y demostrar que puedo con todo.

Mi vida a los 19 años
Mi vida a los 19 años

Quiero llegar lejos, pero también quiero estar aquí

Cuando pienso en la mujer que quiero ser en unos años, me imagino independiente, con una carrera consolidada y tranquila conmigo misma. Quiero mirar atrás y sentirme orgullosa de lo que he construido, pero también de las decisiones que tomé para cuidarme en el proceso.

Todavía no sé si aceptaré esa nueva oportunidad. Lo que sí sé es que quiero aprender a elegir sin sentir que cada vez que digo que no, estoy dejando pasar algo que podría cambiar mi vida. Quiero seguir creciendo, trabajando y construyendo mi camino, pero entendiendo que no tengo que recorrer todos los caminos al mismo tiempo.

A veces pienso en la Leonela de 15 años que empezó a presentar casi por casualidad. Creo que se sentiría orgullosa de verme hoy, estudiando y trabajando en algo que me gusta. Y espero que la Leonela de 25 también lo esté, no solo por lo que haya conseguido, sino porque haya aprendido a disfrutar el camino.

Tengo 19 años y todavía estoy empezando. Quiero llegar lejos, pero no quiero pasarme la vida pensando en todo lo que me falta por alcanzar y olvidarme de lo que estoy viviendo ahora. Porque construir mi futuro también debería significar disfrutar mi presente.

Por Leonela Montes

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