Amor de madre e hijaAmor de madre e hija

Lo que prometía ser un viaje corto  de apenas tres meses se convirtió en años. Entre la soledad de no tener a mi mamá, la libertad sin medidas  y el peso ayudar a mi hermana menor a crecer  siendo casi una niña, me tocó aprender a crecer a la fuerza.

El día en que “tres meses” se convirtieron en una vida

Cuando mi mamá armó sus maletas para irse a Estados Unidos, en mi cabeza solo repetía solo van a hacer tres meses puedes con eso . Parecía un tiempo manejable, un pequeño esfuerzo a cambio del “mejor futuro” del que tanto nos hablaban. Pero el tiempo pasó, los planes cambiaron, y esos noventa días se estiraron en años interminables.

Yo era una adolescente apegada a ella. De la noche a la mañana, mi lugar seguro ya no estaba en casa,ya no la veía todas las mañanas al levantarme , sino al otro lado de una pantalla o a través del auricular de un teléfono. Hablábamos seguido, sí, pero la tecnología tiene sus límites.

La herida de las fechas especiales

Las fechas importantes eran una prueba de fuego. Mi cumpleaños era mi día favorito del año  y se convirtió  en el mas difícil del año . Podíamos pasar una hora entera hablando por llamada, riéndonos y poniéndonos al día, pero al colgar y escuchar el tono de fin de llamada, el vacío en la casa se sentía el doble de pesado. Ahí fue cuando entendí que ninguna voz en un altavoz puede reemplazar el abrazo de una madre.

Crecer sin frenos: la trampa de la libertad y la soledad

Con su ausencia vino un impacto a mi vida Por un lado, la soledad silenciosa; por el otro, me encontré de frente con una libertad absoluta y sin límites, una libertad para la que ninguna chica de mi edad está lista.

Sin mi mamá cerca para guiarme o ponerme límites diarios, fue inevitable equivocarme. Tomé decisiones apresuradas, entré a caminos que no eran buenos para mí y cometí errores buscando llenar, a como diera lugar, el hueco que ella había dejado. Ya mi casa no era mi lugar seguro si no la tormenta de llegar a una casa sola sin alegría . 

Convertirme en “ mama de mi hermana ” cuando todavía era una niña

En medio de todo ese caos personal, había una realidad que me obligaba a no caerme por completo: mi hermana menor, ocho años más chica que yo.

Al ser la mayor, la vida no me preguntó si estaba lista; simplemente me entregó el rol. Mi hermana me miraba buscando la seguridad que mamá no podía darle en persona. De repente, me vi haciendo cosas de mamá cuando ni siquiera había terminado de entender cómo ser yo misma.

Tuve que aprender a ser su refugio mientras el mío estaba a miles de kilómetros. Esa responsabilidad fue dura y pesada, pero también fue lo que me salvó: por ella tuve que parar, tragarme el miedo, corregir el rumbo y madurar a la fuerza.mi hermana fue la fuerza para seguir adelante con mi vida.

Mirar hacia atrás sin rencor mi mamá es una guerrera 

Mamá e hija de la mano
Mamá e hija de la mano

Con los años, las heridas de esa etapa han ido cerrando. Fui entendiendo que el viaje de mi mamá no fue un abandono, sino un acto de amor desgarrador y un sacrificio enorme para que a nosotras no nos faltara nada.

Hoy miro a la joven que fui y le tengo compasión. Sobreviví con una madre a la distancia  el último párrafo. Me dejó cicatrices, pero también me dio una fuerza enorme y me enseñó que, incluso en la soledad más profunda, fuimos capaces de cuidar de nosotras y salir adelante.

Te amo mamá eres mi orgullo

Por Veronica Linares Curvelo

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