Una experiencia de intercambio que me llevó a descubrir nuevas culturas, paisajes, sabores y aventuras inolvidables entre Chile y Argentina.



A todos nos gusta vivir cosas nuevas, salir de la rutina, conocer lugares diferentes, descubrir otras culturas y coleccionar experiencias que, con el tiempo se convierten en recuerdos que llevamos con nosotros para toda la vida. Muchas veces hacemos planes, imaginamos cómo queremos que sucedan las cosas y nos ilusionamos con todo lo que esperamos vivir. Sin embargo,las experiencias más bonitas suelen llegar cuando menos las esperamos. Y así fue como conocí uno de los países más lindos que he tenido la oportunidad de visitar Chile. Nunca imaginé que una oportunidad académica terminaría convirtiéndose en una de las experiencias más significativas de mi vida. Lo que comenzó como la posibilidad de estudiar en otro país se transformó en una aventura que me permitió salir de mi zona de confort, enfrentarme a lo desconocido y descubrir un mundo completamente diferente al que estaba acostumbrada. De repente, me encontraba lejos de casa, en un lugar nuevo, rodeada de personas con otras costumbres y con la oportunidad de vivir mi propia historia en un país que, poco a poco, comenzaría a ocupar un lugar especial en mi corazón. Llegar a Chile significó mucho más que cambiar de ubicación geográfica. Fue empezar una etapa desde cero, aprender a desenvolverme en un entorno diferente y entender que, cuando nos atrevemos a salir de lo conocido, podemos descubrir facetas de nosotros mismos que ni siquiera sabíamos que existían. Cada día representaba una oportunidad para aprender algo nuevo, ya fuera en la universidad, caminando por las calles, conversando con alguien o simplemente observando todo aquello que para mí resultaba diferente.

Descubriendo Chile más allá de las fotografías

Una de las cosas que más disfruté fue descubrir Chile a través de sus paisajes. Conocer sus calles, recorrer sus rincones y contemplar sus vistas me permitió entender por qué viajar es una de las experiencias más enriquecedoras que podemos vivir. Hay lugares que no necesitan demasiadas explicaciones, porque basta con estar allí, observarlos y guardar una fotografía para recordar lo que sentimos en ese instante. Los cerros, los miradores y las vistas de la ciudad se convirtieron en parte de los recuerdos que hoy asocio con esta aventura. Cada lugar tenía algo particular, algo que llamaba mi atención y que me hacía querer seguir explorando. Y es que una cosa es ver un destino a través de una pantalla y otra completamente diferente es estar allí, caminar por sus calles, levantar la mirada y darte cuenta de que estás viviendo algo que quizás antes solo imaginabas. Además, recorrer lugares nuevos me permitió apreciar esos detalles que muchas veces pasan desapercibidos cuando estamos acostumbrados a vivir siempre en el mismo sitio. La arquitectura, el movimiento de la ciudad, los espacios públicos y la manera en que las personas se apropian de sus entornos hicieron parte de ese descubrimiento. Cada salida se convertía en una oportunidad para conocer algo distinto y sumar una nueva historia a mi experiencia.

Chile también se descubre a través de sus sabores

Y si hay algo que no puede faltar cuando conocemos un país, es probar su comida. Porque sí, viajar también es comer, experimentar sabores nuevos y descubrir que detrás de cada plato hay una parte de la identidad de un lugar. Durante mi experiencia en Chile tuve la oportunidad de probar sus famosos completos, una de esas comidas que forman parte de la vida cotidiana de los chilenos. Para quienes no los conocen, son preparaciones con salchicha y diferentes ingredientes, entre ellos tomate, palta y mayonesa, especialmente en su versión conocida como completo italiano. Tambien estaba el churrasco chileno, un sándwich de carne de res fina y jugosa, servido en un pan suave y acompañado de ingredientes frescos como tomate, aguacate y mayonesa. Su combinación de sabores y texturas hizo que cada bocado valiera la pen. Probarlos fue una manera de acercarme a la gastronomía local y conocer algo más de las costumbres del país. Al final, esas experiencias gastronómicas también se convierten en anécdotas, uno recuerda qué pidió, qué le pareció, qué le sorprendió y hasta las comparaciones inevitables con la comida de su propia tierra. Porque, aunque compartamos el mismo idioma, cada país tiene sus propias maneras de preparar los alimentos, combinar ingredientes y convertir una comida cotidiana en parte de su identidad cultural. Y precisamente eso es lo interesante de viajar, descubrir que siempre hay algo nuevo por probar y que, a veces, las experiencias más sencillas terminan siendo las más memorables.

LUGARES QUE HICIERON ESPECIAL MI AVENTURA

1. Cerro san cristobal – santiago desde las alturas

Visitar el Cerro San Cristóbal fue una oportunidad para contemplar Santiago desde otra perspectiva. Entre sus paisajes, sus montañas y la inmensidad de la ciudad, pude disfrutar de una vista que permite apreciar la belleza de la capital chilena. Fue uno de esos lugares que te invitan a detenerte por un momento, mirar a tu alrededor y disfrutar de estar viviendo una experiencia nueva.

2 Casa de Oración Bahá’í de Sudamérica

La Casa de Oración Bahá’í de Sudamérica, ubicada en Peñalolén, Santiago, fue uno de esos lugares que llaman la atención desde el primer instante. Su arquitectura, con formas curvas y una apariencia que parece envolver la luz, la convierte en una construcción muy particular. Rodeada de naturaleza y montañas, transmite una sensación de tranquilidad que contrasta con el movimiento de la ciudad. Más allá de su diseño, fue un espacio que me permitió apreciar cómo la arquitectura también puede transmitir emociones y despertar curiosidad.

3 Paseo de la Villa: un rincón de cuento de hadas

El Paseo de la Villa fue uno de esos lugares que me hicieron sentir dentro de un cuento de hadas. Sus pequeños locales, las fachadas inspiradas en construcciones europeas, las luces cálidas y la fuente del centro creaban un ambiente encantador. Aunque el espacio era pequeño, cada rincón tenía una personalidad propia. Fue precisamente esa combinación de arquitectura, iluminación y detalles la que hizo que el lugar me pareciera tan especial.

1 Cerro san cristobal – santiago desde las alturas

Visitar el Cerro San Cristóbal fue una oportunidad para contemplar Santiago desde otra perspectiva. Entre sus paisajes, sus montañas y la inmensidad de la ciudad, pude disfrutar de una vista que permite apreciar la belleza de la capital chilena. Fue uno de esos lugares que te invitan a detenerte por un momento, mirar a tu alrededor y disfrutar de estar viviendo una experiencia nueva.

2 Casa de Oración Bahá’í de Sudamérica

La Casa de Oración Bahá’í de Sudamérica, ubicada en Peñalolén, Santiago, fue uno de esos lugares que llaman la atención desde el primer instante. Su arquitectura, con formas curvas y una apariencia que parece envolver la luz, la convierte en una construcción muy particular. Rodeada de naturaleza y montañas, transmite una sensación de tranquilidad que contrasta con el movimiento de la ciudad. Más allá de su diseño, fue un espacio que me permitió apreciar cómo la arquitectura también puede transmitir emociones y despertar curiosidad.

3 Paseo de la Villa: un rincón de cuento de hadas

El Paseo de la Villa fue uno de esos lugares que me hicieron sentir dentro de un cuento de hadas. Sus pequeños locales, las fachadas inspiradas en construcciones europeas, las luces cálidas y la fuente del centro creaban un ambiente encantador. Aunque el espacio era pequeño, cada rincón tenía una personalidad propia. Fue precisamente esa combinación de arquitectura, iluminación y detalles la que hizo que el lugar me pareciera tan especial.

De Chile a Mendoza: una aventura que cruzó fronteras

Y como si Chile no fuera suficiente para llenar mi maleta de recuerdos, esta experiencia también me dio la oportunidad de conocer otro país: Argentina. Desde Chile viajé hasta Mendoza, una ciudad que me permitió seguir descubriendo lugares, sabores y costumbres diferentes. Una de las cosas más bonitas de estar en otro país es darte cuenta de que, en ocasiones, tienes la oportunidad de conocer nuevos destinos que antes parecían lejanos. De pronto, una experiencia que comenzó con un intercambio académico se convierte también en la posibilidad de cruzar fronteras, explorar otros territorios y ampliar aún más tu perspectiva del mundo. Mi paso por Mendoza tuvo esos pequeños detalles que hacen especial cualquier viaje.

Allí probé los famosos choripanes, una preparación muy representativa de la gastronomía argentina.

choripan

Fue otra oportunidad para descubrir sabores distintos y seguir explorando la cultura de un país a través de su comida. Porque si algo he aprendido viajando es que la gastronomía también es una forma de conocer la historia y las costumbres de las personas. Pero Mendoza no se quedó solamente en lo que probé, sino también en las experiencias que compartí. Durante mi visita tuve la oportunidad de recorrer la ciudad junto a dos amigos, Fabrizio y Jarumi.

fabrizio, esteify, jarumi

Los tres terminamos caminando durante más de dos horas, descubriendo el lugar paso a paso y disfrutando de ese tipo de planes que, aunque no siempre parecen extraordinarios en el momento, terminan convirtiéndose en recuerdos muy especiales. Más de dos horas caminando pueden sonar agotadoras, pero cuando estás en una ciudad nueva, acompañado de personas con las que disfrutas compartir, el tiempo parece pasar de otra manera. Cada tramo del recorrido se convierte en una oportunidad para conversar, observar lo que hay alrededor, descubrir nuevos rincones y simplemente disfrutar de estar viviendo algo diferente. Y es que viajar también consiste en eso: caminar sin tener que correr todo el tiempo, detenerse a observar, compartir una conversación y dejar que el recorrido forme parte de la experiencia. No siempre necesitamos grandes planes, entradas a lugares famosos o itinerarios llenos de actividades para disfrutar de una ciudad. A veces, basta con unos buenos amigos, la curiosidad por conocer y las ganas de aprovechar cada momento. Así, Mendoza se convirtió en otro capítulo de mi aventura internacional. Un lugar que pude conocer gracias a la oportunidad de estar en Chile y que me permitió sumar nuevas anécdotas, sabores y experiencias a una etapa que, sin duda, recordaré con mucho cariño.

medoza-argentina 2026

Mucho más que un intercambio académico

Cuando pienso en mi experiencia en Chile, me doy cuenta de que no se resume únicamente en las clases, los lugares que visité o las fotografías que tomé. Detrás de cada imagen hay una historia; detrás de cada paisaje, un recorrido; detrás de cada plato, un sabor nuevo; y detrás de cada viaje, una oportunidad para aprender algo diferente. Vivir una experiencia internacional también implica enfrentarse a lo desconocido, adaptarse a nuevas dinámicas y comprender que el mundo es mucho más amplio de lo que vemos desde nuestra propia realidad. Es aprender a desenvolverse en otros espacios, conocer personas con experiencias diferentes y descubrir que siempre podemos encontrar algo que nos sorprenda. Además, salir de nuestro entorno habitual nos permite mirar nuestra propia vida desde otra perspectiva. Cuando estamos lejos de casa, comenzamos a reconocer el valor de ciertas cosas que antes parecían cotidianas: las personas que queremos, nuestras costumbres, la comida de nuestro país y esos pequeños detalles que forman parte de nuestra identidad. Estar lejos no significa dejar de disfrutar lo nuevo; al contrario, muchas veces nos permite valorar aún más aquello de donde venimos. Esta experiencia me enseñó que viajar no se trata solamente de acumular destinos o decir que estuvimos en determinado lugar. Se trata de permitirnos vivir cada experiencia, observar, aprender y construir recuerdos que tengan un significado para nosotros. Porque podemos visitar la misma ciudad que miles de personas, pero cada quien se lleva una historia diferente.

Los recuerdos que se quedan con nosotros

Al mirar hacia atrás, siento que Chile fue mucho más que un destino en mi mapa. Fue el escenario de una etapa diferente, una oportunidad para conocer otra cultura, descubrir paisajes que me sorprendieron, probar comidas nuevas y vivir experiencias que no estaban necesariamente en mis planes iniciales. Y Argentina, con Mendoza, sus choripanes y aquella caminata de más de dos horas junto a Fabrizio y Jarumi, terminó siendo una extensión de esa misma aventura. Son precisamente esos momentos los que le dan valor a un viaje, las experiencias que compartimos, los lugares que descubrimos y las anécdotas que después podemos contar una y otra vez. Hoy entiendo que las mejores experiencias no siempre llegan de la forma en que las imaginamos. A veces aparecen como una oportunidad inesperada, una decisión que nos saca de nuestra rutina o un camino que decidimos recorrer sin saber exactamente qué vamos a encontrar al final. Por eso, si algo me deja esta experiencia, es la certeza de que vale la pena atreverse, aceptar nuevas oportunidades y permitirnos conocer aquello que existe más allá de nuestra propia realidad. Porque, aunque al principio un viaje pueda parecer simplemente una nueva etapa académica, una vez que lo vivimos descubrimos que puede convertirse en mucho más: en una colección de momentos, aprendizajes y recuerdos que nos acompañarán durante años. Al final, las fotografías serán una manera de volver a esos lugares, pero las historias que hay detrás de ellas serán las que realmente les den vida. Y cuando recuerde Chile, no pensaré únicamente en sus paisajes o en los completos que probé, también recordaré todo lo que significó estar allí, descubrir algo diferente y vivir una experiencia que me permitió conocer un poco más del mundo.

chile-2026

Porque a veces la vida no necesita que tengamos todo planeado. A veces solo necesita que nos atrevamos a dar el primer paso. Y así, sin imaginar todo lo que vendría después, terminé conociendo uno de los países más lindos que he visitado y viviendo una aventura que hoy puedo contar con una sonrisa y con la certeza de que hay experiencias que, por más que pase el tiempo, siempre tendrán un lugar especial en nuestra historia.

autor: esteify berrio eljach

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *